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El despido de Comey del FBI será el Watergate de Trump

WASHINGTON.- Los opositores de Donald Trump están ya acostumbrados a sufrir; pero la ola de conmoción que sacudió Washington tras la destitución del director del FBI James Comey fue inusualmente fuerte. Las circunstancias del despido no sólo tienen algo de opereta. Los críticos ven un cuchillo en el cuello a una Justicia independiente y a Estados Unidos ante una crisis constitucional. A continuación, una serie de preguntas y respuestas sobre el caso.

¿Cómo está gestionando la crisis la Casa Blanca?

En pocas palabras: mal. Incluso los funcionarios más cercanos a la presidencia no habían sido informados. Horas después de conocerse la noticia, los hombres de Trump aparecían en televisiones y entrevistas, pero al día siguiente se habían dado nuevas directrices para hablar del tema que, en algunos casos, contradecían totalmente la versión del día anterior.

Por su parte, el director en funciones del FBI, Andrew McCabe, afirmó hoy ante el Senado que Comey gozaba de gran apoyo en el FBI y que la gran mayoría de sus empleados tenía una relación positiva con él.

En declaraciones ante el comité de Inteligencia del Senado, McCabe contradijo de esta forma la versión de la Casa Blanca según la cual Comey había perdido apoyo dentro de la agencia.

También llama la atención que Trump estrechara sonriente la mano del embajador ruso, Serguei Kislyak. El diplomático, cercano del ministro de exteriores Serguei Lavrov, no es alguien a quien obviar en el escándalo sobre Rusia. Precisamente fue una mentira sobre una llamada de teléfono con Kislyak lo que hizo caer al asesor de seguridad de Estados Unidos Michael Flynn.

¿Crisis constitucional, sí o no?

Por un lado, son inevitables los paralelismos con el escándalo “Watergate” que hicieron caer en 1974 al presidente Richard Nixon. Por otro, Trump está muy lejos de caer o de ser sometido a un “impeachment” como lo fue entonces aquel presidente. Sin embargo, los grandes medios estadounidenses ven que la crisis real sólo acaba de empezar con la destitución de Comey.

En el centro de las críticas está el temor por la independencia de la Justicia y el avance hacia un sistema presidencial autoritario. “Trump es o el presidente más culpable desde Richard Nixon o el presidente más incapaz desde la fundación de Estados Unidos”, señalaba Elaine Kamarck, del instituto Brookings. El diario “The Washington Post” fue más lejos: “Este presidente puede creer que es incuestionable pero los estadounidenses lo ven como lo que es: un tirano ruin”.

¿Interesa realmente el escándalo a los electores de Trump?

Esa es la gran pregunta. Hasta ahora se han mantenido fieles al mandatario. Posiblemente les resulte repugnante todo el escándalo que llega desde la lejana Washington, sobre todo porque también está relacionado con la candidata demócrata Hillary Clinton, detestada entre los seguidores de Trump.

Sin embargo, una encuesta de la universidad de Quinnipiag arrojó poco antes de la salida de Comey una caída en el segmento de hombres blancos y personas sin estudios secundarios terminados. Es poco probable que estos valores mejores, lo cual vuelve la presidencia de Trump más vulnerable.

¿Qué solidez tienen las explicaciones de la Casa Blanca?

Parecen poco plausibles. Así, las apariciones y declaraciones públicas parecen contradecir la afirmación de que la desconfianza de Trump hacia Comey venía de meses atrás.

El 22 de enero, dos días después de la toma de posesión, Trump saludó a Comey con un gesto muy cálido e incluso con un beso. Hace una semana, el portavoz de Trump Sean Spicer aún decía que el presidente tenía plena confianza en Comey.

Sin embargo, Trump afirmó hoy en entrevista con el canal NBC que Comey era un “fanfarrón” al que quería echar más allá de las recomendaciones que le hiciera en ese sentido el Departamento de Justicia.

Por otra parte, Trump y su entorno rechazaron la acusación de que en realidad las investigaciones del FBI sobe Rusia estarían detrás de la destitución, pero ello sólo sirvió para dar a alas a las especulaciones.

McCabe confirmó hoy ante el Senado que las investigaciones sobre Rusia continúan en el FBI.

Otra vez Rusia, ¿qué se dice al respecto?

El FBI investiga sobre los contactos entre el equipo de la campaña electoral de Trump y representantes de Rusia, así como sobre una supuesta influencia rusa en las elecciones estadounidenses. Los servicios secretos estadounidenses culpan al Kremlin de haber interferido en las elecciones presidenciales con ciberataques para favorecer a Trump. Los hackers robaron emails del Partido Demócrata que después publicó la plataforma de revelaciones Wikileaks. La cuestión decisiva es si las conexiones de hombres cercanos de Trump con Rusia fueron tan lejos como para conocer de antemano los ataques a los demócratas. Hasta ahora no hay pruebas de ello.

¿Quién está en el centro del escándalo?

Varios hombres que trabajaron como asesores en distinta medida: Michael Flynn, Carter Page y Roger Stone. También se suele citar continuamente a Paul Manafort, el que fuera jefe de campaña de Trump. Flynn fue interrogado por el FBI por sus contactos con el embajador ruso. En el caso de Page, las autoridades manifestaron el verano (boreal) pasado sus temores de que fuera un agente ruso y solicitaron su vigilancia, según informó el diario “The Washington Post”.

Stone se vanaglorió en la semana electoral en la campaña electoral de tener contacto con Wikileaks. Antes de la publicación de los primeros emails del jefe de campaña de Clinton John Podesta tuiteó que su tiempo habría acabado pronto. Hace poco dijo aseguró que en agosto había escrito mensajes con el hacker “Guccifer 2.0.”, tras el que los servicios secretos estadounidenses sospechan que se encuentran los rusos. Todos ellos niegan las acusaciones y hasta ahora tampoco se han presentado cargos.

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