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APUNTES DEL ORNITORRINCO: De las muchas cegueras II

Ser ciego y estar ciego suponen una diferencia fundamental en cuanto a condición. La primera opción nos habla de un padecimiento crónico que requiere de atención médica, y muy probablemente, de instrumentos de apoyo como bastones y/o lazarillo. En la segunda estamos más bien, ante el acto voluntario de no ver, de obnubilar la consciencia para no padecer dolor alguno.

Y según se mire, la mayoría estamos ciegos y somos ciegos. Padecemos cegueras selectivas encaminadas a apartar de nuestro cerebro circunstancias dolorosas, y/o concentrarnos en cuestiones centrales que pueden mantenernos con vida. Es ahí que los llamados magos, ilusionistas y demás, desarrollan sus prestidigitaciones, distraen la atención hacia detalles secundarios, o distraen con sus “asistentes”, mientras delante de nuestros ojos cambian cartas, abren trampillas, mueven objetos, etc.

Hay quienes pueden llevar la ceguera con una alta dignidad, y desenvolverse sin merma de sus facultades, como Jorge Luis Borges y John Milton u Homero; quienes en su mayoría fueron perdiendo la vista, Galileo Galilei, Benito Pérez Galdós, Joaquín Rodrigo y un largo etcétera cuyos detalles nos llevaría mucho tiempo enumerar.

Para otros la pérdida de la vista resulta abrumadora y entonces, como dice José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera, “…tener la certeza de que la vida existe, porque cuatro sentidos nos lo dicen, y no poder verla,…” así se vuelve infierno porque, continúa el mismo autor, “…la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza”.

En la expresión, “Ciego como un topo”, lo que mostramos no es intolerancia (por cierto la tolerancia es un “valor” que debería someterse a juicio, pues poco tiene de positivo) sino falta de respeto, pues el topo es un animal cuyo mundo le requiere poco desarrollo de la vida como la conocemos nosotros que seríamos ciegos en él.

Esto nos lleva a pensar en la concepción que tenemos de la ceguera, que puede ser ciega en sí misma, pues quien es ciego para uno en realidad posee una videncia distinta, adaptada a su realidad.

Con todo y nuestra petulancia de seres videntes superiores, los seres humanos vemos apenas una porción infintesimal de lo que esta fuera alrededor de nosotros, nuestros receptores visuales son capaces de cubrir una nadería del espectro de la luz, como se explica en el documental Lo que el ojo no ve, y quizá nos estamos quedando cortos.

Por ello, se dice que “La humanidad es como un hombre ciego que no sabe hacia dónde se dirige.” o aquella sentencia bíblica que mira a los líderes pecadores como “ciegos, conductores de ciegos”. Como quiera que sea, mucho habría que añadir, pero basta por hoy, que ya nos comunicaremos pronto.

Por cierto hay una increíble película de Woody Allen que en México se llamó El ciego ¿ya la vieron?

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